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Fray Ignacio Saldaña (custodio de San
Salvador de Tampico), el 1
de febrero de 1792, en esta villa “están sepultados los huesos del
venerable padre Olmos, su glorioso fundador [de la misión] y único
que en la conquista espiritual tuvo reducido al chichimeco”, lo cual
deja suponer que los vecinos emigrantes se los habían llevado
consigo, junto con la imagen del Cristo Crucificado.
Según nuestras investigaciones, Pueblo Viejo o Villa de San Luis de
Tampico no llegó nunca a despoblarse del todo, de modo que, una vez
desaparecido el peligro de los piratas, cuya última entrada parece
haber tenido lugar, por lo que dice el informe de Fray Ignacio
Saldaña, en el año de 1738, “en que hasta alhajas se llevaron los
ingleses”, empezó a recobrarse y a tener nueva vida.
Era necesaria una aduana, según los vecinos de Altamira, “en el Alto
del antiguo Tampico” (a nuestro modo de ver por una vieja y mal
fundada tradición se había llegado a creer que aquí había estado el
Tampico indígena o el colonial, confundiéndolo con algunos de los
numerosos poblados huastecos que se asentaron en la banda norte del
río Pánuco) y la creían “una posición la más ventajosa así para el
tráfico mercantil como para la salubridad de sus habitantes”, a
sabiendas de que podían restarle población y riqueza a Pueblo Viejo
habían recurrido al brigadier don Miguel Gómez Pedraza, comandante
general de la Provincia de la Huasteca. Pero, sea por las causas que
fueren, la suerte favoreció a los vecinos y autoridades de Altamira
y nació así el quinto Tampico.
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