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Esa singular morena de buen ver después
dará fundamento a la leyenda por la cual se dio su
nombre a la actual calle Simón Bolívar.
Don Antonio García Jiménez, a falta de un agrimensor de oficio, va a
ejercer esa función. Para delinear y trazar el nuevo pueblo,
repartir el terreno y dar posesión de los solares, mide treinta
varas desde la orilla del Barranco y pone un horcón a plomo desde el
cual se tira la línea del recinto con rumbo de este a oeste y de sur
a norte, quedando formada la escuadra enteramente rectificada;
después se traza la Plaza Mayor con cien varas, dejando entre ellas
un espacio para calle de quince varas de amplitud; se asignó una
cuadra para la iglesia y curato, y en la Plaza Mayor se destinaron
dos solares para casas consistoriales. Por último, se numeran los
solares y queda trazado el pueblo conforme al plano. Ese plano por
más que se le ha buscado, permanece perdido. Al pueblo se le pone el
nombre de Santa Anna de Tampico, según lo acordado por el ilustre
Ayuntamiento de Altamira, y firman el expediente el presidente Juan
de Villatoro, el síndico Felipe de lagos, el agrimensor Antonio
García y el secretario Juan Escobar.
La comitiva que se había congregado en la elevada cima y los
alrededores del barranco, todavía hoy nombrado Barranco de los
Alemanes por haberse establecido más tarde allí el Consulado Alemán,
se empezó a dispersar. Al día siguiente, 13 de abril, previos
acuerdos, se otorgaron en posesión los solares. Se le darían dos de
veinticinco varas de frente por cincuenta de fondo a cada uno de los
veinticinco pobladores primitivos, ya que habían erogado su dinero
en la limpia del terreno, en la apertura del camino seguramente casi
en desuso por esas calendas, y en los trámites hechos en México para
conseguir del superior gobierno licencia para la llamada
“repoblación”, según se mire y como se ha dicho. Se les fueron
distribuyendo, tomando a cada uno de los pobladores de la mano del
señor presidente Juan Villatoro y paseándolo por el solar en señal
de posesión.
A los treinta y dos “pobladores agregados” se les dio un solo solar
el día 14 de abril; entre ellos se hallaban varios de nacionalidad
francesa, como los señores Jaquet, Paulen, Rapen y Courtel, y de
otras nacionalidades; entre esos pobladores se encontraban también,
y recibieron solares, Don Juan de Villatoro, Don Vicente de la
Torre, que sería designado más tarde primer alcalde de la ciudad, y
el señor cura de Altamira, Don José Ignacio Echeverría, que se
encargaría provisionalmente de los servicios religiosos.
El 30 de agosto de 1824, en Santa Anna de Tampico, fueron elegidos
según lo había ordenado la Junta Provisional Gubernativa de la
Provincia (en ese tiempo todavía del Nuevo Santander), el primer
alcalde y el primer síndico, recayendo el nombramiento seleccionado
por cinco electores en Don Vicente de la Torre como presidente y Don
Antonio Horta como síndico, así empezó a tener vida propia el
ilustre Ayuntamiento de esta ciudad, dando sus primeros pasos hacia
el pleno desarrollo actual, preñado de espléndidos augurios. |