Fundado el 12 de Abril de 1823 por permiso interino concedido por el general Antonio López de Santa Anna a los vecinos de Altamira, encabezados por su alcalde, Don Juan de Villatoro:
“...para la formación de un pueblo en el paraje nombrado como Tampico el Viejo arreglándose al plano que para el efecto que me ha presentado y examiné escrupulosamente

 

pues esta medida encierra, entre otras cosas, la conocida ventaja del aumento de población, a que tantos títulos debemos propender todos los amantes de la patria.”
Esta concesión fue redactada en Altamira el 7 de abril de 1823.
 

 

¡Al fin vencía en su querella Villa Altamira a Pueblo Viejo!
La leyenda narra y aborda fantasías en torno a la decisión última y decisiva arrancada a Santa Anna, atribuyéndola a una hermosa viudita conocida como la “morena de Altamira”, con las irresistibles armas propias de su sexo.

 

Esa singular morena de buen ver después dará fundamento a la leyenda por la cual se dio su nombre a la actual calle Simón Bolívar.
Don Antonio García Jiménez, a falta de un agrimensor de oficio, va a ejercer esa función. Para delinear y trazar el nuevo pueblo, repartir el terreno y dar posesión de los solares, mide treinta varas desde la orilla del Barranco y pone un horcón a plomo desde el cual se tira la línea del recinto con rumbo de este a oeste y de sur a norte, quedando formada la escuadra enteramente rectificada; después se traza la Plaza Mayor con cien varas, dejando entre ellas un espacio para calle de quince varas de amplitud; se asignó una cuadra para la iglesia y curato, y en la Plaza Mayor se destinaron dos solares para casas consistoriales. Por último, se numeran los solares y queda trazado el pueblo conforme al plano. Ese plano por más que se le ha buscado, permanece perdido. Al pueblo se le pone el nombre de Santa Anna de Tampico, según lo acordado por el ilustre Ayuntamiento de Altamira, y firman el expediente el presidente Juan de Villatoro, el síndico Felipe de lagos, el agrimensor Antonio García y el secretario Juan Escobar.
La comitiva que se había congregado en la elevada cima y los alrededores del barranco, todavía hoy nombrado Barranco de los Alemanes por haberse establecido más tarde allí el Consulado Alemán, se empezó a dispersar. Al día siguiente, 13 de abril, previos acuerdos, se otorgaron en posesión los solares. Se le darían dos de veinticinco varas de frente por cincuenta de fondo a cada uno de los veinticinco pobladores primitivos, ya que habían erogado su dinero en la limpia del terreno, en la apertura del camino seguramente casi en desuso por esas calendas, y en los trámites hechos en México para conseguir del superior gobierno licencia para la llamada “repoblación”, según se mire y como se ha dicho. Se les fueron distribuyendo, tomando a cada uno de los pobladores de la mano del señor presidente Juan Villatoro y paseándolo por el solar en señal de posesión.
A los treinta y dos “pobladores agregados” se les dio un solo solar el día 14 de abril; entre ellos se hallaban varios de nacionalidad francesa, como los señores Jaquet, Paulen, Rapen y Courtel, y de otras nacionalidades; entre esos pobladores se encontraban también, y recibieron solares, Don Juan de Villatoro, Don Vicente de la Torre, que sería designado más tarde primer alcalde de la ciudad, y el señor cura de Altamira, Don José Ignacio Echeverría, que se encargaría provisionalmente de los servicios religiosos.
El 30 de agosto de 1824, en Santa Anna de Tampico, fueron elegidos según lo había ordenado la Junta Provisional Gubernativa de la Provincia (en ese tiempo todavía del Nuevo Santander), el primer alcalde y el primer síndico, recayendo el nombramiento seleccionado por cinco electores en Don Vicente de la Torre como presidente y Don Antonio Horta como síndico, así empezó a tener vida propia el ilustre Ayuntamiento de esta ciudad, dando sus primeros pasos hacia el pleno desarrollo actual, preñado de espléndidos augurios.

   






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