En el municipio de Tampico existieron importantes restos de la cultura Huasteca hasta alrededor de la década de 1930; posteriormente fueron destruidos en su totalidad.
Dentro de este grupo destacaron las ruinas de la colonia Las Flores, sobre la avenida Chairel, las cuales se destruyeron en su mayoría en 1925, cuando se trazaron calles a través del núcleo.

En 1907 el arqueólogo Fewkes las describió como una serie de cúes distribuidos en torno a una plaza ceremonial central. Los dos montículos mas grandes eran planos en su parte superior, otros dos eran de forma alargada.

En la década de 1920 John M. Muir trabajó en los restos de Las Flores, dando a conocer que la altura de los dos cúes mayores era de seis metros, así como que en uno de ellos había dos pinturas murales.

 


Dos décadas después los arqueólogos Gordon Ekholm y Wilfrido du Solier reconstruyeron en este sitio una estructura en forma de cono truncado, dotada de escalinata con alfardas y recubierta de un aplanado de estuco o mortero hecho de cal procedente de conchas de ostión, determinando que se trataba de nueve estructuras superpuestas empleadas como basamento para un adoratorio construido de materiales perecederos.

 

El núcleo de Las Flores perteneció al horizonte cultural Pánuco V –de 1000 a 1250 d.C.-, es decir, que fue contemporáneo de Xólotl, señor chichimeca, y de Tomiyauh, señora de los huastecos. Este sitio constituye unos de los probables asientos del Tampico indígena.
En el perímetro de la plaza de la Libertad, en la ribera norte del Tamesí, se encontraron vestigios de un asentamiento perteneciente quizás al horizonte Pánuco VI –de 1250 a 1500 d.C.-. Asimismo, se tiene noticia de que durante la época del auge petrolero diversas excavaciones practicadas en el centro de la ciudad arrojaron importantes restos de utensilios de piedra cerámica.
En Tancol, al norte de Tampico, estudios estratigráficos mostraron dos periodos de ocupación separados por un largo intervalo; uno perteneció al horizonte cultural Pánuco II –de 100 a 200 d.C.- y el otro al Pánuco VI –de 1250 a 1500 d.C.-. El nombre del poblado huasteco de Tancol perdura hasta nuestros días, pero se desconoce el de Las Flores y los del centro de la ciudad.
En Encarnación y Tierra Blanca, localizados también al norte de Tampico, existieron importantes núcleos arqueológicos.
Por la orilla que bordea la Laguna del Chairel, hace aproximadamente 50 años era común encontrar a ras del suelo abundantes puntas de flechas, navajas de obsidiana y fragmentos de cerámica, pero se desconoce la existencia de alguna edificación en el sitio donde se sabe que existió Chachaval; en cambio, en la isla de La Pitahaya, localizada en la laguna, hubo importantes vestigios de montículos bajos rodeados por un cerco de lajas verticales, además de cerámica del tipo Panuco II y III.
Árbol Grande y el cerro de Andonegui fueron también asiento de población huasteca, ya que anteriormente era muy frecuente que los vecinos hallaran restos de cerámica y utensilios de piedra.
Los restos arqueológicos de Las Flores y los del centro de la ciudad demuestran que en las cercanías de este pueblo hubo población dispersa en pequeñas comunidades.
   






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