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El sedentarismo, además de provocar por sí mismo un
importante daño a nuestro sistema cardiovascular, contribuye a acentuar
los efectos de otros factores de riesgo como la obesidad, la hipertensión
o el colesterol. Una persona sedentaria tiende a tener sobrepeso, suele
fumar y es habitual que tenga una alimentación desequilibrada. Por el
contrario, está demostrado que la actividad física y el ejercicio
colaboran tanto en el mantenimiento del peso como en el control de las
cifras de tensión arterial y colesterol.
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