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Al igual que otros factores, el sedentarismo es un
factor de riesgo modificable, lo que significa que la adopción de un
estilo de vida que incluya la práctica de ejercicio físico interviene en
la mejora de la salud de la persona sedentaria y reduce su riesgo
cardiovascular. En este sentido, hay un aspecto fundamental que es la
prevención en la infancia. Los niños de hoy en día tienen peores hábitos
de alimentación, ejercicio y ocio. La práctica deportiva se suele reducir
a las horas que imparten en las escuelas al tiempo que el ordenador, los
videojuegos y la televisión se convierten en sus principales vías de
esparcimiento. Educar a los más pequeños en la necesidad de tener una vida
activa, con ejercicio moderado y actividades al aire libre es el único
método para ayudarles a convertirse en adultos sanos. Sin olvidar, además,
que esa prevención colaboraría en la mejora de las cifras de colesterol y
sobrepeso de los más pequeños.
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