Obesidad Infantil
 

La obesidad infantil es un proceso metabólico en el que se produce una acumulación de grasa excesiva en relación con el promedio normal para su edad, sexo y talla.

En EE UU afecta al 15-20 por ciento de los escolares. En España, un reciente estudio sitúa la prevalencia de la obesidad entre escolares del norte de España en un 7 por ciento.Desde antiguo se conocen evidencias indirectas de una base genética para la obesidad.

Estudios de población demuestran que tener padres obesos predispone a la obesidad y estudios en niños adoptados y en diferentes grupos étnicos permiten estudiar hasta qué punto influyen factores genéticos o ambientales en el desarrollo de la obesidad. En la actualidad se sabe que en determinadas personas obesas se encuentran alteraciones en los mecanismos que regulan el equilibrio entre gasto y aporte energético a distintos niveles. Hay que tener en cuenta que la obesidad pocas veces se comporta como una enfermedad hereditaria simple que sigue las conocidas leyes de Mendel, sino que se trata de una enfermedad metabólica multifactorial, influida por factores sociales, fisiológicos, metabólicos y moleculares.

La obesidad aparece porque el aporte de energía (ingesta de alimentos) supera al gasto de energía y el excedente se almacena en el organismo como tejido graso.
En los países desarrollados la causa el cambio de la Dieta Mediterránea por la «dieta de supermercado», demasiado rica en hidratos de carbono y grasas saturadas, acceso fácil a cantidades ilimitadas de alimentos con «calorías vacías» (golosinas), hacer sólo dos comidas al día y engullir los alimentos sin masticar. En edades precoces existe obsesión en algunos padres para que el niño coma mucho, sin embargo es normal una disminución del apetito hacia los dos años de edad que se corresponde con un ajuste fisiológico a sus necesidades. Más adelante, se festejan los mínimos acontecimientos de la vida del niño con la «comida basura» y un consumo casi diario de bolsas de chucherías, bollos y refrescos. La falta de juego al aire libre o deporte y las actividades extraescolares sedentarias, además, disminuyen el gasto de energía. El hábito de ver televisión aumenta el sedentarismo y propicia comer alimentos hipercalóricos.
Sin embargo, en la regulación del apetito y del gasto de energía intervienen mecanismos complejos que escapan a la propia voluntad de la persona y que no están completamente aclarados. Podríamos decir que, en presencia de factores ambientales apropiados, desarrollará obesidad la persona «capacitada» para hacerlo. Una vez que la obesidad se ha desarrollado se produce una «meseta» de peso en la que la ingesta es equivalente al gasto y el peso es estable. Si se disminuye el aporte de energía (dieta hipocalórica) y se aumenta el gasto (ejercicio físico), se consigue la pérdida de peso.
A corto plazo sus consecuencias más frecuentes son alteraciones psicosociales: incluso en edades tempranas el niño obeso es descrito despectivamente por sus compañeros, tiene problemas de aislamiento y relación y menores expectativas académicas. Mención especial merece la repercusión psicológica de la obesidad, e incluso de un mínimo sobrepeso, sobre los adolescentes como coadyuvante de importantes problemas de la alimentación como la bulimia-anorexia nerviosa. A medio plazo la obesidad infantil produce alteraciones ortopédicas, respiratorias y cutáneas. No habituales, pero de extrema gravedad, son el síndrome de Picwick (somnolencia e insuficiencia respiratoria), miocardiopatía y pancreatitis asociados a obesidad. En los niños obesos aumenta la incidencia de la diabetes mellitus y el riesgo de intolerancia a la glucosa, hipertensión y alteraciones de lípidos (aumento de colesterol y triglicéridos). La obesidad infantil aumenta el riesgo de obesidad en la edad adulta. El 75% de los adolescentes obesos serán obesos de adultos y la obesidad es factor de riesgo de enfermedad cardiovascular.
En general, y más aún en la infancia, el tratamiento de la obesidad será con estricta vigilancia médica. El niño deberá llevar una dieta controlada y sólo en contados casos los medicamentos y las técnicas quirúrgicas tienen cabida en el tratamiento. En escasos niños su obesidad es secundaria a enfermedades (hipotiroidismo) o síndromes complejos (Prader-Willi) que precisan de estudio y tratamiento específico.
 

 

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