Anorexia y Bulimia
 

Son dos alteraciones psicológicas que se caracterizan, principalmente, por la obsesión por el peso y la imagen corporal. La delgadez se convierte en el centro del universo personal de estos pacientes. En los últimos años ha habido un aumento significativo de su incidencia y se considera casi como una epidemia en Europa Occidental y EEUU. Para algunos, hasta el 5-10 por ciento de las adolescentes de estos países padecerían algún tipo de trastorno de la conducta alimentaria, representando los casos graves un 1 por ciento. Afecta principalmente al sexo femenino (90 por ciento de los casos, aunque está aumentando entre los varones), de clase social media-alta (los casos en clase media-baja, población china y negra son muy escasos). Generalmente aparece durante la pubertad, entre 4 y 5 años después de la primera regla, aunque cada vez vemos a niñas en edades más jóvenes con trastornos en la alimentación (hasta con ocho años).
Algunos autores consideran la anorexia y la bulimia cuadros diferentes, pero en muchos casos se solapan: sería más correcto hablar de trastornos de la conducta alimentaria.
Generalmente, se considera la anorexia nerviosa como la aversión a la comida y la pérdida de peso rápida. La paciente niega tener sensación de hambre, se preocupa excesivamente de lo que come, controla las grasas y las calorías que ingiere, abusa de laxantes y diuréticos e incluso suele engañar a su familia escondiendo la comida. Desde el punto de vista clínico, se presenta con un cuadro de desnutrición severo, acompañado de una amenorrea característica. Es frecuente la aparición de estreñimiento, hipotensión, mareos, síncopes o malestar general.

La bulimia nerviosa se caracteriza por la ingesta compulsiva de gran cantidad de alimentos en poco tiempo, seguida de un sentimiento de culpabilidad que lleva a provocar el vómito voluntariamente. En general, se produce en personas con sobrepeso importante y suele estar asociado a depresión, sentimiento de desprecio y a abuso de drogas y/o alcohol.
En muchos casos se solapan episodios alternos de ambas enfermedades. Es decir, periodos de anorexia seguidos de episodios de bulimia. Es importante prevenir estas dos enfermedades y hacer un diagnóstico precoz por parte de la familia o médico de cabecera ya que los pacientes tienden a negar y ocultar el problema. El diagnóstico precoz permite obtener mejores resultados en el tratamiento. Consiste, en un principio, en un tratamiento psiquiátrico acompañado de un soporte nutricional y un apoyo farmacológico. El tratamiento debe instaurarse en los ambulatorios, pero en los casos más graves puede ser necesario el ingreso hospitalario.
En cuanto al pronóstico, a los cuatro años de iniciado el tratamiento, se han recuperado, como media, el 50 por ciento de los pacientes y el 3 por ciento evoluciona hacia la cronicidad. A los 10 años, encontramos un 3 por ciento de pacientes fallecidos.
Finalmente, se ha constatado que muchos de los pacientes suelen padecer secuelas: trastornos psiquiátricos, osteoporosis, infertilidad, etc. Y, además, al ser una enfermedad predominantemente psiquiátrica, son frecuentes las recaídas.
 

 

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