|
La única regla de oro en el tratamiento de la
obesidad es conseguir que el gasto calórico sea superior a la ingesta.
Para ello debemos valernos de dietas bien equilibradas que
controlen la ingesta de alimentos, hacer ejercicio y cambiar los
hábitos de vida para aumentar el gasto de calorías. El objetivo debe
ser conseguir una pérdida de peso razonable. Pérdidas de peso de un 10 por
ciento se correlacionan con un significativa reducción de los factores de
riesgo cardiovascular. Para ello, ha de seguirse una pauta que permita una
pérdida de peso moderada pero sostenida. El ejercicio debe ser
progresivo y continuado, adaptado a la edad y a las características de
cada paciente. Además de ser beneficioso, por la pérdida de peso, también
es favorable para la tensión arterial, la diabetes, el corazón, los vasos
sanguíneos, el colesterol, la arteriosclerosis, los huesos y
articulaciones... No hay ejercicios mejores o peores, pero el más simple
es caminar. Todo debe programarse de acuerdo con la edad y constitución
del paciente. Como norma general, no se deben realizar ejercicios físicos
intensos después de comer, ni a altas temperaturas, ya que lo único que se
consigue en estos casos es perder más líquidos e iones sin aumentar el
número de calorías gastadas. La dieta tiene que ser hipocalórica
(para que se quemen las grasas almacenadas) pero siempre equilibrada y
variada evitando la monotonía (comer sano no es sinónimo de falta de
variedad). Es muy importante crear nuevos hábitos alimenticios, evitar
grasas y azúcares simples y aumentar el consumo de frutas y verduras,
pescado azul... También es conveniente comer cada tres o cuatro horas y
que las raciones sean lo suficientemente abundantes para evitar pasar
hambre. Así podemos controlar mejor la ansiedad que la dieta genera. Las
dietas desordenadas terminan, al final, en ingesta compulsiva de alimentos
que, por lo general, suelen ser hipercalóricos. Hay que evitar comer fuera
de las horas estipuladas. No tenga prisa, la pérdida de peso necesita
tiempo. Y no se fíe: huya de las «dietas milagrosas» que prometen
adelgazar sin esfuerzo, comiendo todo lo que se quiera y
en un tiempo récord. Por norma, están desequilibradas y
son peligrosas, cuando no introducen pastillas con
sustancias nocivas para la salud como anfetaminas u
hormonas. Todas estas dietas, como la de la «sopa mágica», el
melocotón o el plátano, no tienen ningún fundamento científico, y lo único
que consiguen es la frustración del paciente que ve que sus esfuerzos no
dan resultados. Tenga paciencia, márquese objetivos que puedan ser
alcanzados y siempre déjese guiar por un especialista. Conseguirá
más, con mejor estado de salud.
|