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La obesidad, por sí misma, constituye una importante
alteración de la salud. Pero, además, complica y agrava otras
enfermedades. De todos es conocida su influencia en las enfermedades del
aparato locomotor, (en este caso depende más de la severidad de la
obesidad -índice de masa corporal- que de la distribución de la grasa).
También es conocida la influencia extraordinariamente negativa de la
obesidad en enfermedades metabólicas como la diabetes mellitus tipo 2,
las hiperlipidemias en sus diversas formas y, desde luego, las
enfermedades cardiovasculares. Los paciente obesos suelen tener
generalmente un nivel bajo de colesterol HDL (“bueno”) y un aumento de los
triglicéridos. Además presentan intolerancia a la glucosa, resistencia
aumentada a la insulina y niveles plasmáticos altos de insulina.
Cuando se reduce peso se aumentan los niveles de HDL, disminuyen los
niveles de insulina, ácido úrico y tensión arterial, y descienden los
trilicéridos. |