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La obesidad ha pasado de ser un
trastorno metabólico a constituir un problema serio de
salud en muchos de los países desarrollados por su
incidencia y por condicionar un gasto sanitario. Lo
cierto es que la obesidad afecta de manera significativa
a la cantidad de vida, longevidad, (hay suficientes
datos para aceptar que la vida de los obesos es más
corta) como a la calidad de la misma y ocasiona,
frecuentemente, un rechazo social a los que la padecen.
La obesidad, además, es factor de riesgo cardiovascular
y tiene una estrecha relación con enfermedades como la
diabetes, la hipertensión, los problemas óseos y la
insuficiencia cardiaca.
Además su incidencia está aumentando. En nuestro
país, se estima que alrededor del 13 por ciento de la
población general entre los 25 y 60 años es obesa.
En otros países como Estados Unidos, la incidencia es
mayor y el gasto sanitario directo ocasionado por la
obesidad representa entre un 5 y un 7 por ciento del
gasto sanitario total. En nuestro país se calcula (según
el Estudio Delphi) que el coste total de la obesidad es
de 12 millones de € lo que representa el 6,9 por ciento
del gasto sanitario.
Qué es la obesidad
Clásicamente se ha definido la obesidad como «el aumento
de la grasa corporal». A nivel popular, la obesidad se
entiende como el aumento del peso corporal. Podríamos
establecer que la obesidad es el incremento de peso
debido al aumento de la grasa corporal. Por ello es
importante determinar, además del, la cantidad de tejido
graso (masa grasa) que poseen. Para eso hay varios
métodos. Desde técnicas precisas como la impedancia (que
permiten establecer con bastante precisión la cantidad
de tejido graso y su proporción en el cuerpo humano),
hasta métodos antropométricos que relacionan la talla
con el peso. El método de medida de la obesidad más
utilizado probablemente sea el índice de Quetelet, (su
descubridor), también llamado índice de masa corporal:
Indice de Masa Corporal (IMC) igual a peso en Kg
dividido por la altura en metros al cuadrado.
La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición ha
establecido una escala que permite conocer a
partir de qué punto se es obeso, y cuál es la severidad
de la afección.
En condiciones normales y con abundancia de alimentos,
el organismo posee mecanismos complejos encargados de
mantener un balance energético apropiado. La energía se
almacena en forma de tejido adiposo (depósitos grasos)
porque es el que puede acumular más cantidad de energía
química (1 gr. de tejido graso almacena 9 Kcal.). Así,
el individuo puede disponer de unos depósitos adecuados
(pero no excesivos) de grasa-energía que le permiten
desarrollar las distintas funciones vitales:
supervivencia, crecimiento, relación, reproducción, etc.
En un varón normal de 18 años el 12 por ciento de su
peso es grasa, mientras que en una joven sana de 18 años
supone el 25 por ciento . En una persona adulta el peso
corporal no varía más de un 1-2 por ciento durante
largos periodos de tiempo.
Y, ¿cuándo se produce la obesidad? cuando el número de
calorías ingeridas es superior al número de calorías
gastadas. Esta idea tan simple resume la causa de la
obesidad y también la estrategia de cualquier plan
terapéutico. Si embargo, hay múltiples factores
relacionados con el control del apetito y el gasto
calórico que son muy diferentes en cada individuo. |