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El corazón impulsa la
sangre a través de las arterias ejerciendo una presión sobre ellas
necesaria para que la sangre circule. A esta presión le llamamos tensión
arterial y es imprescindible para que la sangre se distribuya por los
diferentes órganos de nuestro cuerpo. La presión máxima se obtiene en cada
contracción del corazón y la mínima con cada relajación del corazón.
Los niveles de presión óptimos son aquellos en los
cuales los diferentes tejidos del organismo reciben el
flujo de sangre necesario en casa momentos. Si la
presión arterial se encuentra por debajo de ese nivel se
denomina hipotensión. Pero cuando la presión arterial
supera los niveles óptimos se produce la hipertensión
arterial, factor de riesgo para desarrollar una
enfermedad cardiovascular.
En la medida de la presión arterial
se obtienen dos cifras que se expresan en milímetros de
mercurio (mm Hg.): la más alta se llama presión
sistólica o máxima y sus valores normales en los adultos
deben estar comprendidos entre 9 y 14 (90 a 140
milímetros de mercurio) la más baja corresponde a la
diastólica y sus valores deben estar entre 6 y 9 (60 y
90 mm Hg.) La presión sistólica corresponde al momento
en que el corazón se contrae y expulsa la sangre a los
vasos y la diastólica es la que se registra cuando el
corazón descansa en los latidos.
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