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Actualmente el estrés es uno de los factores de
más alto
riesgo en las enfermedades cardiovasculares, por lo que
les recomendamos una serie de pautas, no sólo para
intentar controlarlo, sino también para prevenirlo.
• Localice el origen. La mayoría de las personas están
más pendientes del estado del tiempo o el saldo de su
cuenta corriente que de la tensión de su propio cuerpo.
Pero no olviden que saber qué es el estrés,
reconocerlo y, sobre todo, averiguarqué lo está
desencadenando y cómo está afectando nuestro organismo,
es el primer paso en su manejo y control.
• Cuide su alimentación. Tabaco, café y alcohol lo
potencian, por lo que es necesario limitar su consumo.
La dieta tiene que ser equilibrada, rica en verduras,
fruta y fibra y baja en grasas y azucares. Coma despacio
y de forma regular.
• Haga ejercicio, le conviene. La actividad física de
forma regular, mejora su bienestar general y ayuda a
prevenir el estrés y las enfermedades que provoca.
• Aprenda a contar lo que le pasa. No guarde sus
sentimientos: son una bomba de tiempo. Aquellos que
transmiten sus emociones padecen menos trastornos.
• Practique el optimismo. Rechace los pensamientos
negativos y sustitúyalos por pensamientos positivos. No
es fácil hacerlo, pero no es imposible. Ser flexible y
tener actitudes positivas ante la vida aumenta las
defensas.
• Aprenda a decir NO. Es importante no crearse más
obligaciones de las necesarias. Atrévase a decir su
opinión y no se sobrecargue con responsabilidades
excesivas.
• Dé a su cuerpo y a su mente la oportunidad de
relajarse. El fin de la relajación es disminuir la
ansiedad y la tensión muscular sobre todo en situaciones
de presión.
No se pueden evitar las situaciones preocupantes pero sí
se pueden manejar las respuestas y reacciones a ellas
aprendiendo y practicando relajación.
• Es imposible estar relajado físicamente y tenso
emocionalmente al mismo tiempo. No pueden convivir en el
mismo momento la sensación de bienestar corporal y la de
estrés mental.
• La respuesta del organismo a la relajación es un
efecto de recuperación casi inmediato y es una tregua
para el cuerpo.
• La relajación progresiva de los músculos reduce la
frecuencia del pulso y la presión de la sangre, así como
el grado de sudoración y la frecuencia respiratoria.
Además, evita los problemas orgánicos que el estrés
produce.
• La distensión física logra un importante relax
muscular que alivia la presión acumulada en nuestro
cuerpo.
• La relajación mental elimina la tensión psíquica.
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