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En numerosos estudios experimentales
en animales y humanos se ha encontrado que el estrés
aumenta los niveles de
colesterol en sangre; de ácidos grasos libres y
de triglicéridos. Esto se ha verificado en corredores de
Fórmula 1, sujetos que han perdido su trabajo, en
oradores el día que tienen que dar su discurso,
etcétera. Igualmente en pacientes con enfermedad
coronaria conocida se ha detectado una elevación de los
lípidos sanguíneos durante periodos de estrés, con
disminución del colesterol «bueno».
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