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Un
nivel de glucosa en sangre (glucemia) en ayunas mayor o
igual de 126 mg/dl, presente en dos o más análisis,
confirma el diagnóstico de diabetes. Una glucemia al
azar mayor o igual de 200 en presencia de síntomas de
hiperglucemia también se diagnóstica como diabetes.
Aquellos que tienen un nivel de glucemia mayor o igual
de 110 mg/dl pero menor de 126 mg/dl se dice que tienen
una glucemia en ayunas (basal) alterada. A estos
pacientes se recomienda que se realicen la llamada
«curva de glucemia».
Consiste en tomar 75 gr. de glucosa diluida en agua y
después medir la niveles de glucemia a la media hora, a
la hora y a las 2 horas después. Si la glucemia a las 2
horas es mayor o igual que 200, se diagnostica al
paciente de diabetes.
Si
está entre 140 y 200, de intolerancia a la glucosa. Los
pacientes con glucemia basal alterada y/o intolerancia
tienen mayor riesgo de desarrollar diabetes.
Una de las cuestiones clave, además, es el diagnóstico
precoz.
Tratamiento
En el caso de la diabetes tipo 1 el tratamiento siempre
es, de inicio, la insulina, tratamiento que deberá
seguir el paciente de por vida.
En la diabetes tipo 2 en general se puede empezar por un
programa de dieta y ejercicio. Cuando los objetivos de
control del azúcar en sangre no se alcanzan así, se
puede empezar a tomar medicación, los llamados
«antidiabéticos orales». Se empieza siempre con un sólo
tipo de fármaco, hasta alcanzar la dosis máxima
tolerada. Si es necesario se añadirá un segundo fármaco.
Cuando la glucemia permanece elevada a pesar de estar
con dosis máximas de medicamentos antidiabéticos, se
debe iniciar tratamiento con inyecciones de insulina
subcutánea.
La dieta es un componente esencial en el manejo de la
diabetes. En los diabéticos de tipo 1 el tratamiento
nutricional debe integrarse en el plan general,
ajustando los horarios y calidad de las comidas a la
acción de la insulina. En los diabéticos tipo 2 los
objetivos son un buen control de la glucemia, el
colesterol y la tensión. Si existe sobrepeso, una dieta
baja en calorías con descenso de la grasa total, sobre
todo de origen animal, junto con un aumento del
ejercicio, produce una mejoría del control glucémico.
El ejercicio es el otro componente dentro del
tratamiento de la diabetes. Con él se busca controlar
los niveles de glucemia en sangre, reducir el sobrepeso
(de no existir, tratar de mantener el peso ideal),
mejorar la calidad de vida del paciente y evitar las
posibles complicaciones que puedan surgir por el
desarrollo de la enfermedad.
No hay que olvidar, sin embargo, que los individuos con
diabetes Mellitus tipo I (que debe inyectarse insulina)
tienen que tener ciertas precauciones antes de
enfrentarse a una práctica de ejercicio físico.
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