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Historia de la Construcción del Malecón
Hacia 1888, la peligrosa barra en la desembocadura del Río Pánuco
impedía que penetraran al fondeadero barcos de regular calado. Esto,
desde luego, era un favor que entorpecía el progreso del puerto.
La velocidad de la corriente del río disminuía
notablemente al llegar a su desembocadura, a causa del
ensanchamiento de su cauce y ello |
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provocaba que la arena y demás materias en
suspensión se depositaran en los despojos de embarcaciones
perdidas, "formando una barra de altos fondos que no podría
ser destruida por la acción de las olas, aunque la fuerza de
estas era suficiente para dispersar los materiales que se
depositaban fuera del límite de la barra..."
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Así para mejorar la desembocadura se hizo
necesaria la canalización de la barra. Con tal motivo,
proyectándose la construcción de dos escolleras paralelas que,
partiendo de la línea de la costa, avanzaron dos kilómetros
hacia el mar, en dirección este-noreste y ambas a una
distancia de 304.88 metros entre sí.
Se pensaba que al encauzarse la corriente del pánuco se
aumentaría su velocidad y ésta podría destruir la barra.
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El Gobierno de México actuó rápidamente y el 30 de agosto de 1888
celebró un contrato con la Compañía del Ferrocarril Central
Mexicano, que sería la encargada de la realización de las obras, por
las cuales recibiría en pago la cantidad de tres millones de pesos
en bonos especiales.
Las entregas se harían en la siguiente forma: al aprobar los planos,
cincuenta mil pesos; al tener la Compañía en Tampico vapores,
lanchas, maquinaría, alijadores, útiles y materiales para la
ejecución de las obras en un valor superior a medio millón de pesos,
580 mil pesos; al tener el canal una profundidad permanente de diez
pies ingleses, medidos a marea alta media, 510 mil; al aumentar cada
pie adicional a los diez, 180 mil cada uno, lo que se estimaba en
$1,440,000.00 , y al aumentar cada pie adicional a 18, $105,500.00
por cada uno, no estando obligado el gobierno a dar más de
$420,000.00
El Ingeniero Elmer L. Corthell entregó en junio de 1889, a la
compañía contratista un minucioso estudio sobre las condicones de la
desembocadura del Pánuco y el proyecto definitivo para las obras, y
éstas, tras la aprobación de la Secretaría de Fomento, se iniciaron
el 18 de marzo de 1890.
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Con el fin de facilitar los trabajos, la Compañía construyó una vía
férrea de Tampico a la desembocadura del río , "y en las líneas de
las escolleras se pusieron estacadas para soportar las vías de
servicio, que se iban colocando según lo requería el avance de las
obras.
Construyéndose las escolleras de capas alternas de colchones de
ramazón y enrocamientos irregulares. La mayor parte de la piedra se
trajo de "El Abra", S.L.P. Se aprovechó también piedra de uan
cantera de las inmediaciones de Tampico y de otra situada a orillas
de un afluente del Pánuco; pero este material era de inferior
calidad.
La compañía contratista activó los trabajos para dar mayor
profundidad al canal, y éste alcanzó 15 pies ingleses para
marzo de 1893.
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Cabe anotar, como dato curioso, que a
mediados de 1892, junto con algunos pedazos de roca y
formaciones de concha y coral, la draga recogió del fondo
algunos pesos mexicanos de 1847, procedentes, sin duda, de
algún naufragio de un buque que, cargado con $60,000.00 se fue
a pique cuando intentaba cruzar la barra.
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"Al profundizar el canal entre las escolleras dice el Ing. Pani, se
descubrió, a una distancia de mil metros del principio de las obras,
un banco formado por despojos de antiguos naufragios, a una
profundidad de 5.15 metros...." Se utilizó dinamita para remover el
banco , pero este recurso laborioso y dilatado, no dio resultados
satisfactorios.Una de las crecientes más extraordinarias que se han visto en el
Pánuco vino a resolver la cuestión en Julio de 1893. El gasto del
río durante la misma ascendió a 4,336 metros cúbicos por segundo, y
se estimó en un total de 7,492,608,000 metros cúbicos, "considerando
la duración de la corriente equivalente a veinte días en su nivel
máximo".
“Esta creciente influyó de una manera muy favorable en la
profundización del canal. En la parte exterior, frente a las
escolleras, la profundidad aumento a 5.80 metros, y a fines de
agosto, cuando el movimiento de las mareas y las fuerzas de las olas
habían dispersado el sedimento que se había depositado en el fondo ,
llegó a 6.55 metros”.
El 26 de enero de 1894 , a las ocho de la mañana, el vapor noruego
Ravensdale, calando 5.64 metros, se varó en un banco de arena al
sureste del canal exterior, en 5.18 metros de agua. Esto no se debió
a las malas condiciones del canal, si no al capricho de la torpeza
del capitán del buque, quien visitaba el puerto por primera vez y,
sin embargo, intentó entrar al fondeadero sin esperar al práctico y
pese al fuerte “norte” que se había desatado. Durante todo el día
fue imposible lograr poner a flote al barco, y al anochecer, el
Capitán de Puerto ordenó que toda la tripulación pasara a tierra
dejando el buque abandonado, que a la mañana siguiente se encontró a
tres o cuatro kilómetros de sur de las escolleras, habiendo sido
arrastrado por el viento a través de un largo banco de arena, con
sólo 4.50 metros de agua. Como era de esperarse, el barco sufrió
fuertes averías y su capitán, con objeto sin duda de disculparse con
sus armadores y con la esperanza de que la compañía de seguros
pagará el valor de los daños sufridos, procuró echar la culpa de lo
ocurrido a la tortuosidad , estrechez y poca profundidad del canal,
y dando fe a lo manifestado por dicho capitán el Almirantazgo de
Inglaterra publicó informes pocos satisfactorios sobre la entrada al
fondeadero de Tampico, siendo que en esa época el canal estaba en
las mejores condiciones y podía ser franqueado aun por embarcaciones
de mayor calado que el Ravensdale.”
De agosto de 1893 a principios de 1825 la profundidad del canal
exterior fluctuó entre 6.25 y 6.86 metros.
Del 28 de marzo de 1895 el canal tenía 200 metros de anchura y 7.30
metros de tirante agua. En el mes de enero de 1897 se integró una
comisión encargada de inspeccionar las obras, y una vez realizado su
cometido rindió el dictamen correspondiente. Encontró una
profundidad mínima de 7.31 metros en el canal, dentro de las
escolleras, y de 8.84 metros fuera de estás. El banco de arena había
desaparecido.
Por otro lado, la comisión manifiesta su informe que el estado de
las escolleras no garantiza la permanencia del calado de 7.31
metros, por los motivos técnicos que se señalan, y que no
analizaremos en este breve apunte.
Las escolleras, con el transcurso del tiempo, fueron objeto de
importantes mejoras. Se construyó el malecón y el canal de
navegación es constantemente dragado para mantener la profundidad
necesaria.
Es preciso advertir que con estas obras de canalización de la
entrada del fondeadero Tampico se puso en firme sobre la vía del
progreso.
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