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fue la mujer clave y fundadora del célebre Paso
de Doña Cecilia donde se había establecido un alegre rancho.
En 1842
cuando la visita de la Marquesa Calderón de la Barca a Tampico lo
describe y habla de su dueña. Dice la Marquesa Calderón (Francis
Erskine Inglis) en la carta LIII de su libro la Vida en México
durante una residencia de dos años en este país: “Las cercanías de
Tampico son muy bonitas y como a dos millas de la población, en la
orilla de los bosques, en un claro cubierto de un verde césped hay
un hermoso ranchito con un lindo y limpio portal, los navegantes le
llaman al ligar El paso de doña Cecilia, lo cual me suena
deliciosamente romántico; la propietaria , o sea la misma doña
Cecilia que vive en su pacífica soledad rodeada de manglares, sin
que su felicidad se vea perturbada más que por las culebras y los
lagartos, se me presentaba a la imaginación como una mujer joven y
bella y con el corazón destrozado, y no fue sino hasta llegar a
Tampico cuando tuve la mortificación de enterarme que tan
interesante criatura y encantadora reclusa, ¡tenía 78 años y acababa
de enterrar a su séptimo marido!. Ese mismo rancho sirvió de base
militar durante la invasión de Isidro Barradas en el definitivo
ataque al Fortín de la Barra.
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