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BANQUETE
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Una comida regada de buen vino duplica las alegrías y exalta los ánimos.
Por eso, desde París hasta Timbuctú, no hay pueblo ni cultura
que no celebre las bodas con banquetes nupciales. Eso sí, cada
pareja es libre de festejarlo a su manera: sólo la
imaginación, el deseo y el presupuesto marcarán la pauta.
Y un consejo: antes de empezar a organizar el banquete decide
el número aproximado de personas que quieres invitar. Aunque
haya discusiones no borres la sonrisa de la cara ni lo dejes
para el final, porque te ayudará a decidir el tipo de
celebración que quieres o puedes realizar.
Si eres de las que prefiere una celebración sencilla, sin
excesivo ceremonial y muy dinámica, te recomendamos hacer un
COCTÉL.
Se puede organizar tanto al mediodía como por la noche, y
consiste en una comida sencilla. También se sirven bebidas y
su duración suele ser de dos a tres horas.
La gran ventaja del cóctel es que permite a los novios, ya
marido y mujer, mezclarse con todo el mundo, en lugar de
ocupar una mesa presidencial casi inamovible.
Y además de ser la opción más económica, está indicada para
cónyuges impacientes. Como suele ser más corto que un banquete
en toda regla permite a la pareja escabullirse mucho antes con
destino desconocido...
Este tipo de celebración es perfecta para bodas con un
reducido número de invitados. El ambiente más informal invita
a la charla y a la intimidad, por lo que resulta muy
acogedora. También es la idónea si un familiar cercano ha
fallecido recientemente y prefiere celebrarse la boda de
manera discreta.
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